
Todavía recuerdo el día que conocí a Victor, era el sábado 16 de Mayo. Ese día había salido de fiesta con Patri. Estábamos en una discoteca echándonos unas risas cuando un chico alto y guapo se acercó a nosotras. Se presentó y empezó a hablar con nosotras, como se dirigía más a mí que a Patri pensé: “el típico truco de, hablo con la amiga para luego entrarle a la que me interesa”. ¡Qué equivocada estaba!
Fue una noche maravillosa donde reímos, bailamos y como no, tonteamos. Al acabar la noche nos dimos los teléfonos y nos fuimos cada uno por su lado.
Al día siguiente me desperté sobre las 14:00, con una buena resaca. Recogí la ropa del día anterior y la metí en la lavadora, mientras miraba como daba vueltas recordé que allí, en el bolsillo delantero derecho tenía el teléfono de Victor… ¡demasiado tarde!, unos trozos blancos flotaban en el agua… los miré tristemente y pensé en cuantos números de teléfono acabaran en una papelera o en la lavadora. En ese momento sonó el teléfono y dí un brinco, por un instante pensé en que quizás fuera él, ¿qué preguntaría?, ¿qué le diría yo?… miré el móvil nerviosa y me eché a reir, ¡que tonta!, … era Patri.
Descolgué y estuve hablando con ella un rato, hasta que se cansó de hacer preguntas sobre el chico de la noche anterior. Ella también se lo había pasado muy bien. Y me alegré, siempre te entra la duda, cuando tú estás entretenida con otras cosas… ya me entendéis ;o)
Una hora después volvió a sonar el móvil, “dime Patri”, “me sorprende que todavía te queden preguntas por hacer” y me reí. Al otro lado sólo había silencio, así que volví a preguntar “¿Patri?, ¿estás ahí?” “Hoola”, dijo una voz temblorosa al otro lado, “¿está Ana?”…. era Victor.
Ese día quedamos para tomar algo, y al día siguiente para ir al cine, otro día para cenar… cada día me gustaba más y creo que yo a él también. Fue una época muy feliz. Tras un mes saliendo, decidimos hacer una escapada de fin de semana y allí surgió el momento más romántico de toda mi vida. El calor fue aumentando hasta que decidimos sentirnos el uno al otro. Todavía recuerdo sus palabras: “espera, me voy a poner el condom” Y todavía me pregunto porqué contesté aquello:”No te preocupes, tomo la píldora, no hace falta. Porque, ¿no tienes nada contagioso?, ¿verdad?” Y nos echamos a reir. Fue una noche que no olvidaré nunca, no sólo por cómo sentí cada movimiento, cada beso, cada abrazo… sino por lo que pasó después.
El día 28 de Julio, recibí la llamada que cambiaría definitivamente mi vida. Unos días antes había ido a mi revisión ginecológica anual. Como todos los años, me harían unos análisis de sangre y me llamarían en el caso de que los resultados no estuvieran bien. ¡¡Y esta era su llamada!!. Me pidieron que repitiera los análisis para asegurarse. En ese momento yo, ni imaginaba lo que me iban a decir. Intentar explicar lo que sientes cuando te dicen que eres seropositivo es muy complejo. Sentimientos encontrados y numerosos pensamientos pasan por tu cabeza. En un primer momento piensas que se han equivocado, no te lo puedes creer. “¿Cómo ha podido ocurrir?¿Por qué a mí?”
Cuando me sobrepuse un poco, llamé a Victor, él debía hacerse la pruebas también, pero sobretodo, tenía que explicarme qué había ocurrido. Ya que él era el único que podía haberme contagiado.
Me dijo que había tenido algunos “encuentros” de riesgo pero que nunca imaginó que pudiera tener el sida y mucho menos querría habérmelo transmitido a mí. De todo esto ya ha pasado un año y no sé si la enfermedad se desarrollará algún día. Pero no hay mañana en la que me despierte y no me arrepienta de no haber sido yo la que dijo: ¿te pones condom?